Transformando deseos en proyectos: el paso a paso para lograr metas personales
- Jessé Burgos Fuentes
- 9 ene
- 5 Min. de lectura
Con el inicio de un nuevo año, muchas personas se proponen cambios importantes: hacer más ejercicio, mejorar su bienestar, ordenar algún aspecto de su vida o retomar proyectos postergados. Sin embargo, la experiencia muestra que una parte significativa de estas metas se abandona durante las primeras semanas o meses. En este artículo se describen los principales factores psicológicos que aumentan realmente las probabilidades de éxito en la planificación y realización de proyectos personales.
Para esto, vamos a imaginar el caso de Carlos, quien comienza el año 2026 diciendo “este año voy a hacer más actividad física”. Veremos cómo esta idea inicial puede transformarse progresivamente en un objetivo concreto, realista y sostenible.

Paso 1: Transforma tus ideas e intenciones en metas claras
“Quiero hacer más actividad física” es una intención positiva frecuente, pero motivacionalmente débil. Las investigaciones en motivación muestran que las metas claras y específicas orientan mejor la conducta (Locke & Latham, 2002).
Si Carlos aplica este primer principio, la meta comienza a definirse mejor: “Quiero caminar 30 minutos, tres veces por semana”.
Ahora la meta es observable, medible y concreta. Este tipo de formulación no garantiza el éxito, pero sí crea una base mucho más sólida para actuar y genera un indicador (una conducta observable) que permite monitorear si estoy logrando mi meta o debo realizar más ajustes para lograrla.
2. Conectar la meta con valores personales, no solo con resultados
Investigaciones recientes, como por ejemplo los desarrollos de la Terapia de Aceptación y Compromiso (Hayes y cols. 2012) han demostrado que las metas sostenidas en el tiempo suelen estar ancladas en valores, más que en obligaciones externas o ideales rígidos. Por eso, el siguiente paso no es hacer la meta más exigente, sino más significativa y conectada contigo mismo/a.
En el ejemplo, Carlos podría preguntarse: ¿Por qué es importante para mí moverme más?
La respuesta podría ser para cuidar de su salud, tener más energía para trabajar y jugar más con sus sobrinos pequeños, etc. Cuando Carlos logra identificar estos valores personales, caminar ya no es solo una tarea, sino una forma concreta de vivir valores como el autocuidado, la ética laboral y la conexión familiar. Además, esta conexión entre metas y valores es clave para sostener el proyecto propuesto, incluso cuando la motivación se reduzca por distintos factores.
3. Planifica claramente el “cómo” para reducir la dependencia de la motivación

Muchas metas personales fracasan por falta de planificación, incluso cuando la persona verdaderamente las desea en su vida. Por esto es indispensable definir cómo, cuándo y dónde actuar. Esto reduce la procrastinación y el abandono de la meta.
Siguiendo con el ejemplo, Carlos deberá volver su meta más operativa. Pensando de forma realista en sus rutinas actuales, concluye: “Caminaré 30 minutos los lunes, miércoles y viernes, después del trabajo, en el parque cercano a mi casa”.
Sumado a lo anterior, podría ser una excelente iniciativa anticipar posibles obstáculos o agregarlos una vez que aparezcan:
“Si llego muy cansado, entonces caminaré solo 10 minutos”.
“Si no puedo salir por el clima, haré ejercicio suave en casa”.
Este tipo de planificación permite sostener el proyecto incluso frente a obstáculos que aparezcan en el camino.
4. Priorizar constancia por sobre perfección
Un error frecuente es pensar el cambio en términos de “todo o nada”. Por ejemplo: “Si no cumplo exactamente tres veces a la semana, entonces fallé”. Un estudio empírico respecto a la adquisición de hábitos muestra que las metas rígidas aumentan el abandono, mientras que las metas flexibles favorecen la continuidad (Lally y cols. 2010).
Esta recomendación exige un cambio de enfoque. Podemos imaginar que Carlos, tras reflexionar los valores contenidos en su meta personal, llega a la siguiente idea: “Mi objetivo es moverme más que antes, aunque algunas semanas haga menos, eso será mejor que nada”.
Esta recomendación invita a dar más énfasis a la regularidad del proceso, por sobre el cumplimiento perfecto.
5. Tratar los tropiezos como parte del proceso, no como fracasos
Toda persona está expuesta a múltiples factores que podrían interferir en el desarrollo esperado de su proyecto. Imaginemos que Carlos tuvo semanas muy estresantes en su trabajo, su mente estuvo centrada principalmente en eso y dejó de caminar durante dos semanas. Una reacción común sería la autocrítica severa, la cual puede convencer a la persona de abandonar el proyecto.
Hoy existe un fuerte consenso empírico de que la autocompasión favorece la continuidad y constancia del cambio. A diferencia de la autocrítica, la cual genera sentimiento de culpa, que aumenta la probabilidad de abandono (Breines & Chen, 2012).
En el ejemplo que se viene desarrollando, Carlos reflexiona respecto a las dos semanas que lleva sin salir a caminar y recuerda la importancia de un diálogo interno compasivo: “Me siento tan frustrado de no haber salido ni un solo día estas semanas, sin embargo, fueron semanas muy complejas, usé toda mi energía en sacar adelante ese proyecto del trabajo. Entonces, ¿Qué puedo ajustar para volver a empezar de forma realista?”. Esta reflexión podría llevar a Carlos a reducir la frecuencia temporalmente o cambiar el horario. Lo importante es que el proyecto no se abandona, sino que se ajusta.

6. Apoyarse en el entorno para sostener el hábito
Finalmente, el estudio de los sistemas motivacionales muestra que los cambios duraderos rara vez se sostienen en aislamiento. La conexión y el apoyo social cumplen un papel esencial en la mantención de la motivación a largo plazo en torno a proyectos personales (Locke & Latham, 2002).
En el ejemplo, Carlos siguió esta recomendación contándole a su mejor amigo sobre su objetivo, quien además quiso sumarse y acompañarlo algunos días a caminar juntos, ya que él también quiere iniciar actividad física. También descargó una aplicación en su celular de estadísticas de actividad física, ya que le gusta mucho revisar métricas y observar gráficas sobre su progreso y constancia.
Así, Carlos va logrando algo fundamental: el entorno deja de ser un obstáculo y se convierte en un apoyo activo del proyecto.
En síntesis
Como fue posible apreciar en el caso imaginario de Carlos, lo que comenzó como una idea “quiero hacer más actividad física” se transformó en un proyecto que:
Es claro y específico.
Está conectado con valores personales.
Tiene un plan concreto y flexible.
Considera obstáculos reales y ajustes posibles.
Se sostiene con una actitud de autocompasión
Se realiza con apoyo del entorno social y contextual.
Este artículo nos muestra una conclusión esencial: los cambios sostenibles no dependen solo de fuerza de voluntad, sino de procesos bien diseñados y humanamente posibles. Más que preguntarse si una meta se logrará o no, vale la pena preguntarse:
¿Estoy construyendo un proceso que pueda sostener en mi vida real?
Referencias:
Breines, J. G., & Chen, S. (2012). Self-Compassion Increases Self-Improvement Motivation. Personality and Social Psychology Bulletin, 38(9), 1133-1143. https://doi.org/10.1177/0146167212445599
Hayes, S., Strosahl, K., & Wilson, K. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change. New York: Guilford Press.
Lally, P., van Jaarsveld, C., Potts, H., & Wardle, J. (2010). How are habits formed: Modelling habit formation in the real world. European Journal of Social Psychology, 40(6), 998–1009. https://doi.org/10.1002/ejsp.674
Locke, E. & Latham, G. (2002). Building a practically useful theory of goal setting and task motivation: A 35-year odyssey. American Psychologist, 57(9), 705–717. https://doi.org/10.1037/0003-066X.57.9.705
