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Salud mental y olas de calor: ¿Cómo el calor extremo afecta nuestro estado de ánimo?

En lo que va del verano, se han registrado al menos cuatro olas de calor en la Región Metropolitana, con temperaturas cercanas a los 35°C a la sombra. Estas cifras no son aisladas. Durante la última década, este fenómeno se ha intensificado de manera sostenida, principalmente debido al calentamiento global.



El aumento de las temperaturas no solo tiene consecuencias ambientales, sino que también repercute directamente en el bienestar físico y psicológico de las personas, especialmente en sectores urbanos de alta densidad y baja ventilación. En estas zonas se produce el fenómeno conocido como “islas de calor urbanas”, el cual describe el aumento localizado de temperatura en la ciudad.


En Santiago, es posible identificar puntos de mayor concentración de calor, coincidentes con sectores urbanos de alta densidad, por ejemplo, en el eje Santiago, Estación Central e Independencia, donde existe una gran concentración de edificaciones, pavimentos duros, baja ventilación urbana, y poca presencia de áreas verdes. Las propiedades térmicas de los materiales urbanos suelen almacenar más calor durante el día, y también, al removerse la vegetación en estas zonas, disminuye la evaporación natural y regulación térmica del entorno.


Frente a estas condiciones, es común experimentar diversos síntomas físicos ante la exposición prolongada al calor, como por ejemplo:


● Sudoración excesiva

● Mareos

● Dolor de cabeza

● Cansancio intenso

● Deshidratación

● Golpes de calor


La evidencia científica indica que las altas temperaturas también pueden influir en la salud mental y en la regulación emocional.



¿Cómo influye el calor extremo en el estado de ánimo?


Cuando la temperatura ambiental es muy alta, el organismo activa mecanismos de regulación

fisiológica:

● Mayor activación del sistema nervioso simpático para regular la temperatura corporal interna.

● Aumento de la sudoración.

● Elevación de la frecuencia cardíaca.


Este estado de activación sostenida, y el estrés corporal que esto implica, es posible experimentar fatiga física, irritabilidad y dificultades en la concentración. El calor extremo funciona como un estresor ambiental, especialmente cuando se combina con mala calidad del sueño, sobrecarga laboral o condiciones de vivienda poco adaptadas térmicamente.



El rol del sueño: Un factor clave


La calidad del sueño tiene un impacto significativo en el estado de ánimo y la salud mental. Durante noches calurosas se dificulta conciliar y mantener el sueño, lo que afecta la regulación emocional al día siguiente. Incluso pequeñas reducciones en la calidad del sueño se asocian con mayor reactividad emocional, peor control de impulsos y mayor sintomatología ansiosa.


¿Qué síntomas pueden intensificarse durante una ola de calor?


Durante periodos de calor extremo, algunas personas pueden experimentar:


● Cambios emocionales

○ Irritabilidad

○ Menor paciencia y tolerancia a la frustración

○ Sensación de agobio


Síntomas físicos con impacto psicológico

○ Insomnio de conciliación o sueño fragmentado

○ Fatiga constante

○ Dolores de cabeza

○ Sensación de agotamiento mental.


Factores de vulnerabilidad: Personas con diagnósticos previos en salud mental.


El calor no genera directamente un trastorno mental, pero para algunas personas con diagnósticos en salud mental, puede actuar como factor precipitante para un malestar emocional significativo.


● Descompensaciones en trastornos del ánimo, como aumento significativo en sintomatología

depresiva y/o ansiosa.

● Aumento de la ideación suicida.


¿Qué podemos hacer para proteger nuestra salud mental en olas de calor?


1) Priorizar la regulación fisiológica: Reducir el estrés físico disminuye el impacto emocional

a) Manteniendo una buena hidratación.

b) Evitando la exposición al sol en horarios críticos.

c) Usando ventilación adecuada o espacios climatizados cuando sea posible.


2) Proteger el sueño:

a) Ventilar la habitación antes de dormir.

b) Utilizar ropa de cama liviana.

c) Evitar pantallas antes de acostarse.

d) Mantener horarios regulares.


3) Ajustar las expectativas: En días de calor extremo puede ser razonable reducir el ritmo. Exigirse el mismo nivel de productividad que nos exigimos en condiciones normales, puede aumentar la frustración y el malestar.


4) Buscar ayuda profesional si aparecen señales de alarma:

a) Insomnio persistente.

b) Cambios bruscos de ánimo, o empeoramiento marcado.

c) Sensación de desesperanza.

d) Crisis de pánico.

e) Ideación suicida.


Las olas de calor no solo afectan el cuerpo, también pueden impactar sobre nuestro estado de ánimo, especialmente cuando se altera el sueño, y las condiciones materiales o estructurales de vida no permiten la regulación del calor ambiental. Cuidar el descanso, mantener una buena hidratación, y buscar espacios más frescos son medidas que pueden ayudarnos a proteger nuestra salud mental durante los días de altas temperaturas, permitiéndonos anticiparnos y prepararnos mejor frente a futuras olas de calor.



Referencias:

Low, D., Keller, D., Wingo, J., Brothers, R., y Crandall, C. (2011). Sympathetic nerve activity and

whole body heat stress in humans. Journal of applied physiology (Bethesda, Md. : 1985), 111(5),

Muñoz, B. (2026). Ola de calor: cuáles son las comunas con las temperaturas más altas en la capital.

capital

Peña Avendaño, R. (2025).Efectos de las islas de calor urbana en la salud mental de sus habitantes,

una revisión de alcance. Disponible en https://repositorio.uchile.cl/handle/2250/208596

Wang, J., Guetta-Jeanrenaud, N., Palacios, J., Fan, Y., Kakkar, D., Obradovich, N., y Zheng, S.

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