top of page

¿Qué es el trastorno límite de la personalidad?

Actualizado: 26 dic 2025



El trastorno de la personalidad límite (TLP) comprende un conjunto de síntomas que constituyen una forma de funcionamiento de la personalidad que afecta a la persona en varios contextos de su vida, generándole problemas para poder adaptarse y provocando un grado significativo de angustia en la persona y en otros (McWilliams, 2011). El TLP está caracterizado por (Gunderson et al, 2018):




· Una dificultad de autodefinición que se relaciona con una sensación de inadecuación constante y una identidad que se percibe como difusa.

· Dificultades en la regulación de las emociones o los afectos, lo que genera una vulnerabilidad a extremos de afecto abrumador, incluyendo episodios de depresión intensa, ansiedad y rabia, así como también a sentimientos de vacío.

· Dificultades e inestabilidad interpersonal caracterizada por problemas severos con la intimidad emocional, relaciones inestables e intensas, así como problemas con el trabajo. En el vínculo, se tiene que la persona alterna entre evitar el abandono sobre involucrándose con otros y el retiro social.

· Desregulación comportamental, al respecto, existen problemas con la regulación de los impulsos que en periodos de gran angustia le llevan a estar en gran riesgo de auto dañarse, incluyendo la auto mitigación, tomar riesgos sexuales, la acumulación o adquisición de deudas y otras actividades autodestructivas.



¿Cuáles son los factores que influyen en que una persona pueda desarrollar un trastorno límite de la personalidad?


Existen diversas investigaciones que señalan el rol de la genética y los factores ambientales (experiencias de vida) así como la interacción de los mismos, en este sentido, la heredabilidad del TLP es alta y cercana al 40% (Gunderson et al, 2018), hay un factor genético asociado a una alta sensibilidad a los estímulos emocionales, una alta intensidad de la respuesta emocional y el lento retorno al cómo se sentía la persona antes de experimentar esa emoción, esta alta sensibilidad significa que la reacción emocional es intensa y dificulta el pensamiento, en este sentido, la persona experimenta emociones que son de larga duración (Teti, 2015).


Respecto a los factores ambientales, se tiene que la evidencia muestra la influencia de varios factores; sin embargo, ninguno en sí mismo se puede establecer como la causa o predictor principal, así por ejemplo, se tiene que el trauma de infancia es el factor ambiental más significativo, aunque no es una precondición necesaria para desarrollar TLP, por otro lado, una parentalidad inconsistente y comportamientos parentales aversivos están asociados con el desarrollo de TLP, pero no son específicos. No obstante lo anterior, si se tiene evidencia respecto a que los periodos de desarrollo críticos donde hay un apego anormal a un cuidador primario o apego interrumpido llevan a discapacidades en la regulación emocional y el autocontrol, así como se tiene evidencia respecto a que el auto daño deliberado, intentos de suicidio y otros rasgos en el TLP como identidad dañada, baja dirección a metas, afectividad negativa (ira, tristeza y ansiedad), impulsividad, comportamientos riesgosos, rabia y agresión interpersonal predicen el desarrollo y la persistencia de TLP en niños y en adolescentes tempranos (Gunderson et al, 2018).


Uno de los factores ambientales ampliamente descritos en los estudios sobre desregulación emocional es la presencia de un ambiente invalidante, en el cual se le comunica a la persona que su interpretación o descripción de la propia experiencia emocional es incorrecta. Posteriormente, estas experiencias son atribuidas a rasgos de personalidad socialmente desvalorizados, por ejemplo: “eso no es así, piensas eso porque eres débil”.

Al considerar, además, un factor genético asociado a una alta sensibilidad a los estímulos emocionales y a una elevada intensidad en la respuesta emocional, se configura un entorno que no solo fracasa en enseñar habilidades de regulación emocional a quien las necesita de manera crucial, sino que además promueve aprendizajes disfuncionales. En este contexto, la persona se ve forzada a optar por estrategias extremas de afrontamiento, tales como la intensificación de la expresión emocional o la disociación (Teti, 2015).


¿El trastorno de la personalidad límite tiene tratamiento?


Sí, la evidencia científica actual muestra 4 tipos de terapia que se enfocan en áreas predominantes de disfunción, así se tienen: la terapia focalizada en la transferencia (TFP), la cual se enfoca en promover la consolidación de la identidad y mejorar el funcionamiento interpersonal; la terapia dialéctico conductual (DBT) que apunta a la desregulación emocional y conductual; la mentalización (MBT) cuyo objetivo es mejorar la habilidad de la persona de identificar adecuadamente sus estados mentales y los de otros, y la terapia basada en esquemas (SFT) que se dirige a modificar esquemas maladaptativos.


Estudios como los de Gunderson (En Chanen & McCutcheon, 2013) mostraron que hay una recuperación del TLP, es así que expone que en el curso de 10 años, en 175 pacientes con TLP, el 85% ya no presentaba los mismos síntomas habiendo remitido con tasas de recaída que eran bajas, pero continuando con algunas las dificultades en el funcionamiento social.


Actualmente, se desarrollan modelos psicoeducativos en el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) que incluyen tanto a la persona diagnosticada como a sus familiares y/o entorno cercano. Estos modelos se orientan a la creación de un ambiente validador, consciente de lo que implica vivir con este diagnóstico y provisto de herramientas que permitan brindar apoyo efectivo, especialmente en situaciones de crisis.


Iniciar el abordaje desde la educación sobre el TLP facilita una comprensión más profunda de la sintomatología. Por ejemplo, permite entender las conductas de autodaño no como rasgos definitorios de la persona, sino como estrategias aprendidas para afrontar un intenso malestar emocional, así como reconocer cómo la elevada intensidad de emociones como la rabia puede eclipsar el dolor subyacente. Esta comprensión abre espacios de reflexión y validación que favorecen el cambio, reducen el estigma asociado al diagnóstico y contribuyen a mejorar el curso del tratamiento y el pronóstico, promoviendo el desarrollo de nuevas habilidades tanto en la persona como en su familia y entorno.


En Centro Psicológico Verdán contamos con especialistas en Trastornos de la personalidad que pueden ayudarte.

Especialidad Trastornos de Personalidad
50
Reservar ahora




Referencias:

Chanen, A. & McCutcheon, L. (2013). Prevention and early intervention for borderline personality disorder: current status and recent evidence. The British Journal of Psychiatry (2013)202, s24–s29. doi: 10.1192/bjp.bp.112.119180

Gunderson, J. G., Herpertz, S. C., Skodol, A. E., Torgersen, S., & Zanarini, M. C. (2018). Borderline personality disorder. Nature Reviews Disease Primers, 4,18029.

Teti, G., Boggiano, J.P. & Gagliesi, P. (2015). Terapia dialéctico conductual (DBT): Un tratamiento posible para pacientes con trastornos severos. Revista Argentina de psiquiatría, 2015, Vol. XXVI: 57-64.

McWilliams, N. (2011). Psychoanalytic diagnosis: Understanding personality structure in the clinical process (2nd edition). Guilford Press.



1 comentario


Yo padezco este trastorno..y debo convivir con mi familia...con mi mamá con depresión estacional sin socializar con nadie!! Mi hermano esquizofrenia..y mi pobre hijo que se le está desarrollando algo también!! Se supone que el entorno debe ser adecuado..yo con esto sufro demasiado y a pesar que tomo muchos medicamentos..y con muy poca ayuda sicológica! Mi vida con este trastorno es casi un infierno diario!!


Me gusta
bottom of page