Bullying escolar: Identificando señales tempranas de victimización en la infancia
- Constanza Cabrera Huerta

- 8 abr
- 4 min de lectura
El regreso a clases puede significar para muchos niños reencontrarse con sus amigos, retomar talleres y actividades, y aprender cosas nuevas en un entorno seguro. Sin embargo, para un número importante de niños y adolescentes puede ser motivo de temor y preocupación, ya que implica enfrentarse a situaciones de amenaza y malos tratos por parte de sus propios compañeros.

El bullying o acoso escolar se define como una dinámica de maltrato ejercida dentro del ambiente educativo, en la que uno o más estudiantes (ofensores) agreden, de manera constante e intencional, a otro (ofendido) a quien perciben como vulnerable, desprotegido o “fácil” de intimidar (Musalem y Castro, 2015).
Estos actos rara vez ocurren bajo supervisión adulta y pueden adoptar diversas formas. Si bien el bullying suele asociarse a la violencia física, también puede manifestarse a través de conductas como burlas, amenazas, poner apodos ofensivos, humillar públicamente, difundir rumores falsos, excluir intencionalmente del grupo de pares, quitar o robar pertenencias, realizar acercamientos sexuales no deseados, entre otros.
También es importante mencionar que, con la masificación de la tecnología, los espacios en los que los niños y adolescentes pueden ser victimizados van más allá de los límites físicos de la escuela. Esto se conoce como ciberbullying, donde el acoso se manifiesta a través de conductas como usar redes sociales para insultar, enviar mensajes anónimos, difundir rumores o compartir fotos o videos humillantes, etc.
Las investigaciones muestran que la detección temprana es fundamental para realizar intervenciones oportunas, ya que la exposición prolongada al acoso escolar tiene efectos perjudiciales en la salud y el desarrollo de los niños. Esta situación se asocia a diversos problemas psicológicos y sociales en la infancia, la adolescencia e incluso en la adultez, tales como baja autoestima, pérdida de autoconfianza, trastornos de depresión y ansiedad, síntomas psicosomáticos, conductas autolesivas y tendencias suicidas, entre otros (Musalem y Castro, 2015).
Las señales de alerta pueden ser diversas, y es clave poder detectarlas, ya que muchas veces los niños y adolescentes víctimas de bullying evitan contarlo por miedo, vergüenza o temor a represalias. Esto puede generar angustia en los padres, ante el temor de que sus hijos estén siendo agredidos en su colegio sin saberlo.
A continuación, se presentarán algunas de las principales señales a las que UNICEF (2019) recomienda poner atención:
Lesiones en el cuerpo y objetos que se pierden sin explicación: Si un niño o adolescente presenta moretones, cicatrices u otras marcas que aparecen con frecuencia y que no logra explicar con claridad, así como la pérdida constante de artículos personales o materiales escolares —especialmente si no es habitual que sea descuidado con sus pertenencias—, podría ser una señal de que está enfrentando problemas importantes en el colegio.
Negativa a asistir al colegio y a otras reuniones sociales: Cuando los niños expresan que no desean asistir al colegio, que se sienten incómodos o que no les gusta estar con sus compañeros, es importante prestar atención y explorar si está ocurriendo algo en su entorno escolar. Esto es especialmente relevante si se trata de niños que normalmente disfrutan ir al colegio o que no han presentado dificultades de adaptación en el pasado.
Vuelve a casa enojado, triste o molesto: Cualquier niño puede tener un mal día en el colegio, pero si con frecuencia parece llegar a casa enojado, de mal humor, triste o lloroso, y además evita contar o explicar lo que le ocurre, es importante considerar que podría estar pasando algo más y que no se trate solo de episodios aislados.
Hay un cambio evidente respecto de su comportamiento habitual: Por ejemplo, evitar actividades que normalmente disfruta, presentar conductas regresivas —como orinarse en la cama en el caso de niños pequeños—, falta de apetito o una baja importante en su rendimiento académico, entre otros cambios que antes no eran característicos en él o ella.
Se muestra preocupado o inseguro respecto de aspectos de sí mismo: Por ejemplo, puede comenzar a preocuparse excesivamente por su peso o su apariencia física cuando antes no era un tema relevante para él o ella. También podría hacer comentarios negativos sobre sí mismo —como decir que es “tonto” o “inútil”—, mostrarse muy inseguro al participar en clases o en actividades grupales, por temor a ser juzgado o ridiculizado, entre otros.
Si notas algunas de estas señales, es fundamental conversar con tu hijo o hija acerca de lo que está pasando, manteniendo una actitud amable y evitando juicios como “¿por qué no me contaste antes?”, que solo podrían aumentar la vergüenza o la culpa. Si no quiere hablar, es importante continuar indagando con sensibilidad e informar al colegio sobre lo que podría estar ocurriendo, para que se realicen las gestiones e intervenciones correspondientes. Asimismo, es recomendable considerar el apoyo de un profesional de salud mental, con quien el niño o adolescente pueda expresarse respecto a lo que está viviendo y reciba orientación y herramientas para afrontar la situación de manera adecuada.
Referencias
Musalem, R., & Castro, P. (2015). Qué se sabe de bullying. Revista Médica Clínica Las Condes, 26(1), 14–23. América
UNICEF. (2019). Bullying en el ambiente escolar: qué es y cómo afrontarlo. Oficina Regional para América Latina y el https://www.unicef.org/chile/media/3171/file/bullying_en_el_ambiente_escolar.pdf Caribe.


Comentarios