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Ansiedad social en la adultez: impacto en la vida cotidiana y los vínculos


Hablar de ansiedad social suele remitir a la adolescencia, pero lo cierto es que muchas personas llegan a la adultez con este problema y lo integran silenciosamente en su forma de vivir. En este contexto, la ansiedad social no solo implica incomodidad al interactuar con otros, sino que puede transformarse en una barrera concreta para el desarrollo académico, laboral, afectivo y personal. 



La ansiedad social se caracteriza por un miedo intenso a ser evaluado negativamente o rechazado, debido a sus propios comportamientos o demostrar la ansiedad que se está experimentando, lo que lleva a evitar situaciones sociales o enfrentarlas con un alto nivel de malestar (Asociación Estadounidense de Psiquiatría [APA], 2013; Noblecilla y Sánchez, 2023). Este miedo puede manifestarse de diferentes maneras como, por ejemplo, evitar reuniones, postergar conversaciones importantes, experimentar inseguridad constante en espacios sociales o incluso limitar la participación en actividades cotidianas. 


La evidencia indica que la ansiedad social en adultos está relacionada con múltiples factores psicosociales, como experiencias previas, contexto familiar, condiciones laborales, habilidades sociales y entorno socioeconómico, los cuales contribuyen a su aparición y/o mantenimiento a lo largo del tiempo (Aguilar y Venegas, 2024). En muchos casos, estas experiencias se van consolidando progresivamente, generando una forma particular de relacionarse con los demás, promoviendo “acciones de renuncia, evitación, postergación y preparación constante, haciendo que la ansiedad frente al escenario social adquiera una connotación problemática” (Schaefer y Rubí, 2015). 


Muchas personas desarrollan estrategias para pasar desapercibidas y reducir la posibilidad de sentirse expuestas: evitan hacer preguntas, prefieren no opinar, rechazan invitaciones o se retiran anticipadamente de situaciones sociales. Aunque estas conductas pueden aliviar momentáneamente la ansiedad, también refuerzan la idea de que la interacción social es una amenaza, perpetuando así el malestar en el tiempo (Hofmann y Otto, 2008). Esto puede tener consecuencias, por ejemplo, en lo interpersonal puede dificultar la creación y mantención de vínculos significativos, por lo que se ha observado que la ansiedad social se asocia con una menor satisfacción con la vida social (Castro et al., 2024). 



Asimismo, este problema en la adultez suele pasar inadvertido porque muchas de sus manifestaciones se confunden con rasgos de personalidad, como la timidez o la introversión. Sin embargo, mientras la timidez puede generar incomodidad sin limitar significativamente la vida diaria, la ansiedad social implica un nivel de miedo y evitación que puede restringir oportunidades, afectar la autoestima y deteriorar el bienestar emocional (Hofmann y Otto, 2008). De esta manera, algunas personas terminan adaptando su vida al malestar, evitando situaciones relevantes y normalizando un sufrimiento que muchas veces permanece invisible para los demás. 


Por lo anterior, es importante reconocer y abordar las señales de la ansiedad social, comprendiendo que es un malestar que muchas veces se vive en silencio. Hablar de ello no solo contribuye a disminuir el estigma, sino que también a abrir la posibilidad de buscar apoyo y construir relaciones más libres del miedo a ser juzgado. En un contexto donde la interacción social atraviesa gran parte de la vida cotidiana, reconocer y atender este tipo de ansiedad puede marcar una diferencia significativa en el bienestar emocional de quienes la experimentan. 






Referencias 

Aguilar, R., y Venegas, N. (2024). Factores psicosociales de la ansiedad social en adultos jóvenes. Revista PSIDIAL: Psicología y Diálogo de Saberes, 3(Especial), 201-217. https://revistas.utm.edu.ec/index.php/psicologia/article/view/6486 

Asociación Estadounidense de Psiquiatría. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5.ª ed.). 

Castro, N., Jiménez, D., Vergara, B., y Sarco, A. (2024). Relaciones interpersonales y la ansiedad social en estudiantes de Psicología de la UMECIT. Revista Semilla Científica, (6), 386-398. https://revistas.umecit.edu.pa/index.php/sc/article/view/1634 

Hofmann, S. G., & Otto, M. W. (2008). Cognitive behavioral therapy for social anxiety disorder: Evidence-based and disorder-specific treatment techniques. Routledge. https://api.taylorfrancis.com/content/books/mono/download?identifierName=doi&identifierValue=10.4324/9780203927526&type=googlepdf 

Noblecilla, R. M., y Sánchez, P. M. (2023). Apego y ansiedad social en adultos: Una revisión sistemática [Tesis de Licenciatura, Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas]. Repositorio Institucional – Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. https://repositorioacademico.upc.edu.pe/handle/10757/667808 

Schaefer, H., y Rubí, P. (2015). Abordaje narrativo y estratégico en el trastorno por ansiedad social. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 53(1), 35-43. https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-92272015000100005 

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